25.10.06
La cena de ayer
Era evidente el cansancio: la foto la sacó Martín Tufró y estamos (de izquierda a derecha): Guillermina Etkin (la responsable de la música de Cuchillos en gallinas), la mujer Joven Gaby Ferrero, el molinero Juan Minujin, el fotógrafo Ernesto Donegana, el director Alejandro Tantanian y el labrador Diego Velázquez. ¿El lugar? Lalo de Buenos Aires, a la vuelta del San Martín. ¿El cansancio? Primer ensayo con todo: luces, maquinaria, sonido --- Desastroso: como era de esperar. Ja. ¿La celebración? Primera vez que cena el elenco completo y el señor director. Ja otra vez.
¿Cuándo es el estreno?
Pregunta el mundo entero --- y nada responderemos: hartos de anunciar para desanunciar deberemos recurrir a que los medios los enteren. De todas maneras - seguidores de este blog, a ustedes les digo - que se enterarán por este medio el día menos pensado. Paciencia, otra vez, paciencia --- No crean en nada. Es lo mejor.
El ensayo de ayer del fin al comienzo
Antes que el cielo se caiga.
"Mujer estúpida... parada en el campo todo el día."
"Es bueno sentirte, mujer."
"Odiá al hombre..."
"La luna es la luna, no es como queso."19.10.06
Zenón, Zenón qué grande sos...
Esta paradoja nos sirve para pensar que llegaremos al estreno --- ¿o no?Aquiles el guerrero decide salir a competir en una carrera contra una tortuga. Ya que corre mucho más rápido que ella, y seguro de sus posibilidades, le da una ventaja inicial. Al darse la salida, Aquiles recorre en poco tiempo la distancia que los separaba inicialmente, pero al llegar allí descubre que la tortuga ya no está, sino que ha avanzado, más lentamente, un pequeño trecho. Sin desanimarse, sigue corriendo, pero al llegar de nuevo donde estaba la tortuga, esta ha avanzado un poco más. De este modo, Aquiles no ganará la carrera, ya que la tortuga estará siempre por delante de él.
Actualmente, se conoce que Aquiles realmente alcanzará a la tortuga, ya que una suma de infinitos términos puede tener un resultado finito. Los tiempos en los que Aquiles recorre la distancia que le separa del punto anterior en el que se encontraba la tortuga son cada vez más y más pequeños, y su suma da un resultado finito, que es el momento en que alcanzará a la tortuga.
Que sí, que no...
... parece que ahora no se estrena el 25. Je. ¿Están ansiosos? Nosotros también. Por cábala no les pienso decir cuándo será el estreno. Je. Ah: y los ensayos abiertos de esta semana se suspendieron, así que si tenían ganas de pasarla bien en una sala de teatro este fin de semana: olvíden Cuchillos en gallinas: vayan a ver Los Mansos que está buenísima y en sus últimas funciones 2006. Mientras tanto, las gallinas empollarán cuchillos y saldremos - filosos - a lucirlos cuando toda la maquinaria esté aceitada: paciencia -- paciencia -- paciencia.
Hoy en Ambito Financiero
Diego Velázquez protagonizará «Cuchillos en gallinas»Presentada como semi-montado en el IV Festival internacional de teatro de Buenos Aires (FIBA), «Cuchillos en gallinas» de David Harrower (Edimburgo, 1966) fue la obra con la que debutó, en 1995, este valioso dramaturgo escocés, también autor de «Kill the old, torture their young», «Presence», «Dark Heart», «Blackbird». Sin embargo, ninguno de estos títulos igualó al éxito obtenido con «Cuchillos en gallinas» («Knives in hens») que ha sido considerada una de las piezas más potentes de la década del '90 en toda Europa.
La versión que se conocerá el jueves 26 de octubre en la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín fue dirigida por Alejandro Tantanian y puede considerarse como el lanzamiento oficial de este autor en el circuito teatral porteño.
Dialogamos con uno de los protagonistas de esta nueva puesta, Diego Velázquez, quien viene respaldado por una sólida trayectoria en el medio. Entre sus últimos trabajos se destacan «Decidí canción», que acaba de finalizar su tercera temporada bajo la dirección de Gustavo Tarrío; «23.344» (Centro Cultural Ricardo Rojas, 2004) y el biodrama «El niño en cuestión» (Teatro Sarmiento, 2005) estos dos últimos dirigidos por Ciro Zorzoli.
En «Cuchillos en gallinas» compone a un rústico labrador cuya esposa (Gaby Ferrero) está obsesionada por el lenguaje e intenta encontrarse a sí misma a través de las palabras. Esto la lleva a relacionarse con el molinero del lugar (Juan Minujín) un hombre dotado para la escritura, pero a quien esa comunidad supersticiosa y murmuradora se ha propuesto segregar.
«Esto no es 'El cartero llama dos veces'» -apunta el actor- «Si bien hay un triángulo amoroso que deriva en crimen, el autor recurre a un lenguaje muy poético que lo aleja del típico policial negro al estilo 'mujer encuentra amante y entre los dos matan al marido'. La obra tiene algo de ese género y sus protagonistas son individuos bien concretos y reconocibles, pero no admiten un enfoque psicologista. Ellos hablan de cosas inasibles, del uso del lenguaje y del poder de la palabra.»
Periodista: Para ensayar «Cuchillos...» tuvo que abandonar el elenco de «Rey Lear» ¿Fue provechoso trabajar bajo las órdenes de Jorge Lavelli?
Diego Velázquez: «Rey Lear» fue un proyecto que de entrada vino muy complicado, parecía que estaba maldito. Hubo varias postergaciones, actores que se enfermaron... pero para mí era la posibilidad de conocer a lo que comúnmente se conoce como un «gran director», en este caso Lavelli. Y, además, trabajar en una gran sala como la Martín Coronado y con Alfredo Alcón que después se bajó del proyecto. Más allá de los resultados de la obra, mi encuentro con Lavelli fue una de las cosas más desagradables que me sucedió.
P.: ¿Lo maltrató?
D.V.: Un maltrato total e innecesario. Yo tenía un papel muy secundario (el rey de Francia), pero hasta ese momento siempre había trabajado con directores que apreciaban mi trabajo y que por eso mismo me convocaban. Directores que trabajan junto a sus actores en profundidad y no bajando un saber de enciclopedia que sólo sirve para las entrevistas y nada más. Las entrevistas se leen, pero el teatro es acción. La experiencia que viví con Lavelli no cumplió con mis expectativas, ni de lejos.
P.: Volvamos a «Cuchillos en gallinas» ¿Puede darnos algún ejemplo de esa obsesión por el lenguaje que domina la obra?
D.V.: En la primera escena, la mujer llega alucinada porque vio un charco. Un charco que no es agua barrosa sino de agua cristalina, en el que abajo se ven hojitas. «¿Tenés un nombre para eso?», le pregunta a su marido. «Charco», dice él. «No, no, el nombre correcto», insiste ella. «El nombre correcto es charco. Charco es siemprecharco. Oscuro, claro es lo mismo. No preguntés más». A él no le gusta que ella quiera llegar al fondo del sentido y es muy interesante como estos dos seres tan rústicos, que no saben usar las palabras, traten de desentrañar qué es una metáfora. Esta obra es una joyita.
P.: ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
D.V.: Fuimos pre seleccionados con Gustavo Tarrío y Moro Anghileri para el Proyecto Cruce. Vamos a presentar «Supers» que es la proyección de una película sobre superhéroes con los actores haciendo el sonido en vivo. Como muchas de las escenas transcurren en un supermercado queremos montar un autocine en la playa de estacionamiento de un importante supermercado. Empezamos a rodar en febrero ya que el montaje tiene que estar listo para la próxima edición del FIBA (septiembre de 2007).
Entrevista de Patricia Espinosa
18.10.06
17.10.06
Nuestro afiche
Una vez que vean la obra deberán adivinar de quién son las manos que están al lado de cada rostro. Una pista: ningún par de manos pertenece al rostro. Pero de alguna manera el atributo que cada mano sostiene (aún el vacío) será el destino de cada uno de esos rostros. Cuchillos en gallinas trafica la idea del cambio y el devenir otro: en este afiche están encerradas las claves.14.10.06
5.10.06
Los porqués
Roberto Villanueva era un artista tan enorme como su timidez. Tuve el privilegio de que dirigiera una obra mía: La tercera parte del mar. Fue un lector único de mi texto. No pudimos hablar demasiado: yo era muy chico y él era muy tímido o al revés. No importa. Sólo sé que me gusta pensar en él cuando dirijo: me gusta pensar en la libertad de Roberto, en la puesta de Las Variaciones Goldberg tan parecida a nada, tan libre. Su gesto era la libertad: y no quiero volverme cursi tampoco, sólo creo que el maestro Villanueva supo decir hasta el último de sus días que el teatro era eso: un profundo y maravilloso juego. Y su espíritu sigue presente. Ansío esa libertad en mí. El amor por la música lo compartimos.
La conjuntivitis del molinero
Así está el bueno de Gilbert Horn: cuidándose los ojos -- fue su hija: la bella Amanda -- o los compañeros de guardería de Amanda los que decidieron sobre la suerte de los ojos del molinero: ahora se queda en casa cuidando el grano de los demás: el molino - mientras tanto - espera que el buen tiempo llegue y que el grano pueda molerse para que la aldea crezca y los ojos curen y el trabajo continúe --- Los médicos le ofrecen días de aislamiento: dicen que es profundamente contagiosa la conjuntivitis del molinero, nosotros creemos que los médicos exageran: y aquí estaremos todos de acuerdos, ¿no? Sólo nos resta esperar a que la conjuntiva del molinero vuelva a ser tan blanca como la harina que del grano se desprende. Los cuchillos de la Mujer se siguen afilando, Pony William - sin percatarse siquiera del peligro conjuntivo - galopa, feliz, en campos futuros.
Algunas preguntas respondidas en Página/12
–La pieza de Harrower habla –entre otras cosas– del poder de la palabra. Aquí encarnando en el cuerpo y el espíritu de una mujer. La Mujer Joven de Harrower sufre –en el devenir de la obra– un proceso de iluminación. Y –como todo proceso que conlleve el despertar del espíritu–- deja cuerpos en el camino. Dice la Mujer Joven: “Todo lo que debo hacer es empujar los nombres hasta el fondo de lo que hay como cuando empujo hasta el fondo mi cuchillo en el estómago de una gallina”. Después agrega: “Así es como sé que Dios está allí”. Trata de situarse en el medio, de ser aquel que sabe hundir algo en algo. La Mujer Joven intenta desentrañar el misterio de las cosas yendo más allá del nombre, violentando la cosa para conocer, para rebautizar. Como un niño, desarma el juguete para entender el misterio. Del otro lado de la piel está el nombre, del otro lado de la carne está el misterio, en la sangre están los nombres propios.
–¿De allí el nombre de la pieza?
–La Mujer Joven se transforma en poeta. La obra también cuenta esto: la formación de un poeta. Si el cuchillo se hunde en el estómago de una gallina, la creación estalla. Si más allá de las cosas está el nombre, la única forma de acceder a él es violentando la cosa. Para conocer hay que devorar. Para saber hay que destruir. El saber, entonces, entraña destrucción.
–¿Existe alguna relación con Casa de muñecas, como para vincular a ambos autores?*
–Se podría decir que ambas relatan un proceso de individuación. Tanto Nora como la Mujer Joven recorren en el devenir de las obras el camino que las transforma en personas: abandonan la pluralidad del género para ser singulares, se separan del rebaño para dar cuenta del propio campo: ambas caminan hacia el conocimiento del otro y de sí mismas. Ibsen plantea el problema con las exigencias del naturalismo; Harrower encuentra en la poesía el espacio para narrar su historia. Ibsen se detiene en la ciudad; Harrower prefiere el campo. Ambos entienden que la lucha de cada ser humano es la de poder ser. Y ambos trazan una parábola para dar cuenta de este imprescindible derecho.
* En la nota también se habla del estreno de Recital Ibsen, de ahí el cruce entre ambos autores propuesto por la periodista.
El resto de la nota se puede leer aquí.
30.9.06
Dios vigila todo
"No hay que mirar mucho para arriba. Las caras quedarían sobre las cabezas, chatas."
"El viento sopla. El sol brilla. Los cultivos crecen. El cielo... El pájaro – vuela. Las nubes - ... El árbol... ¿Qué? Se yergue. El árbol se yergue."
"El cielo – El cielo... El conejo corre. Las nubes - ... ¿corren?... ¿crecen? Las hojas del árbol- ... ¿cuelgan? El cielo - ... El cielo - ..."















